Introducción a Frontpage para principiante
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Es relativamente común oír por la Red, o entre colegas diseñadores —cuando se
tienen amigos tan extraños como uno mismo—, que las peores páginas de Internet
no fueron desarrolladas por un mal webmaster, sino escritas con FrontPage. Y
tristemente es muy probable que lleven razón. (¿Triste? De momento retiro el
adjetivo; no se puede sentir lástima de un producto fabricado por la mayor
compañía de software del mundo.) ¿Por qué es así? Además, tengamos en cuenta que
es una herramienta muy, muy extendida; ¿pueden equivocarse cientos de miles,
quizás millones de personas? La respuesta a esta pregunta es sí, pueden
equivocarse, y la otra cuestión requiere una argumentación un poco más extensa.
FrontPage está programado por los empleados de
Microsoft,
la madre amantísima de Internet Explorer, y salta a la vista que se esmeraron en
que los usuarios de Netscape nos sintiésemos defraudados. A eso se le llama
simpatía corporativa. Pero ¿qué más da? Siempre nos quedará el semejante y más
neutral y accesible
Namo Web
Editor.
FrontPage genera lo que podríamos llamar código extraño, una especie de
tiras de texto cifrado, cabalístico, que sólo utiliza el programa y seguramente
nadie más en el mundo. A eso lo define como código fuente. El problema es que,
además,
FrontPage crea archivos y etiquetas basura, que aumentan el peso de nuestros
websites y el tiempo de transferencia y publicación.
A pesar de todo esto, es una aplicación que inspira en los usuarios la
simpatía de lo conocido. Forma parte de la suite Microsoft Office y su interfaz
es muy parecida a la del omnipresente Word y a la del resto de productos de la
gama. Por otra parte, sus archivos de ayuda son muy completos. Esto sin duda es
una ventaja para el principiante. Sin embargo, el profesional del medio se
encontrará con la imposible tarea de construir un palacio con herramientas de
plástico, a diferencia de aquél que ejecuta software del prestigio y la calidad
contrastada de
Macromedia DreamWeaver o
Adobe GoLive!, tan
bien integrados, por si fuera poco, con otras aplicaciones comunes y muy
potentes, de gran calidad visual y multimedia, como
Flash
y
PhotoShop.
Pero siendo un producto muy usado, especialmente por aficionados cuyas
finanzas no dependen de su talento creativo, se merece al menos una introducción
a algunas de sus funciones. No es un manual para un uso avanzado, sino un repaso
elemental de las preguntas más frecuentes que los usuarios plantean en los foros
de discusión, así como una manera de hacer compatible su código con otros
navegadores. Una vez instalado e iniciado el programa —digamos que cuando ya es
demasiado tarde para echarse atrás—, nos encontramos con la pantalla principal
de modo WYSIWYG; siglas en inglés de "lo que ves es lo que obtienes". La
reconocemos porque en la parte inferior de la pantalla, sobre la barra de
estado, vemos seleccionada la pestaña "normal"; observemos que hay dos más: "html"
y "vista previa". La vista html nos muestra el código fuente, que es lo que
interpreta el navegador, y es especialmente importante en un producto de las
características de
FrontPage, dado que su código debe ser revisado y corregido para adaptarlo a
navegadores diversos y para incluir código
javascript, por ejemplo. La última pestaña, vista previa, nos muestra el
resultado tal y como se verá en Internet Explorer, y además ejecuta una función
de depuración de código: si hay errores, nos lo hará saber mediante una ventana
emergente.
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