El 6 de agosto de 1945, a las 08:15 de la mañana, la tripulación del Enola Gay dejó caer sobre la ciudad de Hiroshima a Little Boy, la primera bomba atómica utilizada como arma de destrucción masiva. Minutos después, impactado por la magnitud de la terrible explosión que acababa de presenciar, el copiloto Robert Lewis escribió en el cuaderno de navegación de a bordo una frase que ha acabado pasando a la historia: “My God, what have we done?” (“Dios mío, ¿qué hemos hecho?”).
Portada de la revista Time
La censura y la ola de patriotismo que siguieron al fin de la 2ª Guerra Mundial llevaron a que los periódicos que tuvieron acceso a dicha expresión no la publicaran en su totalidad, al considerar que podía crear dudas entre la población estadounidense acerca de la idoneidad del lanzamiento de tan devastadora arma sobre un núcleo urbano. De ahí que el “My God, what have we done?” fuese sustituido por un políticamente correcto “My God”.
No fue hasta un cuarto de siglo más tarde, en 1971, cuando Lewis subastó el diario de vuelo y los medios de comunicación de medio mundo se hicieron eco de las anotaciones que contenía. Por aquél entonces, ya retirado del servicio activo, ocupaba su tiempo libre esculpiendo pequeñas obras con las que incluso llegar a ganar algún que otro concurso para artistas aficionados.
Con la bomba siempre en la cabeza, en 1970 dio forma a una pieza singular de unos 40 centímetros de altura que simulaba la forma de un hongo atómico que en su base se convertía en unas gotas de sangre procedente de la gente a la que había aniquilado y a la que puso por nombre “Gods Wind at Hiroshima?” (“¿El viento de Dios en Hiroshima?”).